viernes 22 de mayo de 2009

Aldo Oliva





Descubrí la poesía de Aldo Oliva en el año 2006, a mis 18 años. El dato temporal no es en vano: recién salidito del dionisíaco universo de la secundaria, con el título en la mano, trataba de iniciarme en el oscuro mundo de la Facultad de Humanidades y Artes en Rosario. No fue gracias a la facultad que lo descubrí, no recuerdo cómo habré llegado hasta él: lo que sí sé es que en algún momento, cuando vagaba por el centro esperando cursar una materia, me vi parado frente al puestito de libros de la Municipalidad comprando la Poesía completa de Oliva, cuando todavía se podía conseguir poemas completos al módico precio de veinte mangos. Me lo compré por una actitud fría y consecuente de esnobismo: hasta ese momento creo que había leído un solo poema en la web, y más tarde leí con cierto entusiasmo un dossier que le dedicaron en el Diario de Poesía. Sabía que Oliva era el Padre de la poesía rosarina, pero no, como más tarde supe, que se trataba de una poesía distinta y de una voz única e inconfundible en todo el territorio nacional. Como Hijo y descendiente de Oliva, no pude por menos que comprarme su libro. Las relaciones literarias filiales, además de conflictivas, se prestan a estas cosas: hay que matar al Padre, siempre leyéndolo y torturándolo con nuestras lecturas. Bueno. La cosa pintaba buena. Atraído por esa etiquetita consumista de que era el Gran Poeta rosarino, no podía defraudarme de ningún modo. Estaba destinado, antes de siquiera abrir el libro, a gustarme sea como fuese. El ensayo preeliminar, la contratapa, la extensa solapa, las fotos de Aldo, su familia, sus amigos y su infancia, todo era prometedor y de ensueño. Casi mágico. Y ahora viene la parte real. Esto es como cuando uno tiene la idea para un gran cuento, ya maduro en la cabeza, y después termina siendo una verdadera bosta. Después de leer los poemas de Oliva debo confesar que lo detesté y lo odié y lo negué tres veces a la luz de la luna. Se trataba de un tipo recontra erudito que hacía una poesía más erudita que él, frases inentendibles, citas sin sentido y poemas que no tenían coherencia salvo en el simbolismo mallarmeano o en una oscuridad surrealista que yo no entendía y de la que se me escapaban todas las interpretaciones posibles. Mi Padre me había defraudado, no quería verlo más, hubiese regalado ese libro. Como una pelota de basquet, encesté el libro al fondo de la biblioteca. Más tarde vino el arrepentimiento y la culpa literaria. No había tirado una pelota a la biblioteca sino un búmeran porque ese libro regresó a mí y dio en la cabeza. Un golpe fuertísimo. El Padre estaba aleccionando al Hijo. Y de qué manera: Oliva se fue transformando, sin darme cuenta, en un poeta brillante, lúcido, potente. Era una maquinita, sí, pero una maquinita poderosa. Nunca me pareció muy interesante el objetivismo que practicaban la mayoría de los rosarinos, pero Oliva era diferente, era objetivo pero de otro tipo y en otro estado. Un objetivismo por donde se colaba a veces un sujeto raro, erudito, de una sintaxis extraña, que cultivaba el fraseo justo, la palabra culta y sublime (qué palabra de mierda, sublime). Para quienes no lo conocen y todavía no se enteraron de qué va la cosa, acá una minibio: Oliva nació en Rosario en 1927 y murió en el 2000. Oliva y yo permanecimos en el mundo por doce años y mientras yo jugaba a la pelota en el campito enfrente de casa, él escribía sus poemas y enseñaba en la facultad. Fue profesor de Letras, pero antes de eso fue un alumno rezagado que se recibió a los 50 añitos y, según dicen quienes lo tuvieron, fue un profesor brillante. Se juntaba en los bares rosarinos a hacer pogo con Padeletti y Gola, entre otros amigos. Y eso es relativamente todo. Que fue, en secreto, uno de los más grandes poetas (hasta diría) de la actualidad. En el año 1989 Aldo publica su primer libro. Es cierto que nunca pasé de la tercera hoja de ese soporífero librillo que es Cesar en Dyrrachium. Es algo así como una Enéida del siglo XX. Pero sus demás libros me caen bien, muy bien. La referencia hiperculta, las citas, el simbolismo, el lenguaje sutilísimo y depurado, el modernismo rubendariano, por ahí va el mundo de Aldo. Es bastante complejo entrarle pero una vez adentro ya es difícil salir. El año pasado en la facultad nos dieron a leer varios poetas, entre ellos a Aldito. Estudiarlo me hizo bien para comprenderlo todavía más. Eso sí, al Cesar en D. no hay con qué darle. Perdón Aldo, pero es dificilísimo y seguro ni vos lo entendés. O sí lo entendés, claro, pero no querés que un pobre estudiante y mediocre como yo logre, aunque sea, leerlo completo. Creo que nunca voy a entender cuál es la propuesta en César. En fin. Otra cosa que me gusta de Oliva es algo que dice Roberto García en el prólogo. Tomen:
El emblema de origen que Aldo Oliva exhibía era el barrio. No Rosario, la ciudad que había proliferado durante las tres primeras décadas del siglo XX con el agregado de la fuerza de trabajo importada de Europa; sino "El Parque".

Me gusta porque para mí tampoco representa Rosario un emblema y sí el barrio en el que me crié: la zona sur, la avenida circunvalación, el hipermercado Libertad, el super La Sandro, el Barrio Yrigoyen, Las Oblatas, el barrio Las flores, la escuelita en que trabajaba mi vieja, la 756. Creo que se nota mucho el barrio en Oliva, se percibe, se lo respira más que nada. Bueno, ahora lo importante porque me cansé. Copio unos cuantos poemas de Poesía completa, editorial Municipal de Rosario, 2003. No se depriman si no entienden los poemas. Pasa en una primera, en una segunda, tercera, cuarta y etcéteras lecturas. Dedíquense mejor a disfrutarlos.
La selección la hice a gusto propio.


Del libro De Fascinatione
VERANO

Para la ascensión de mis ojos,
déjame apenas
la violencia solar.

Mi fe se llama
azulamiento atroz que canta:
ciclos que ciñen
la sumisa tierra de oro.

La sombra velocísima del fruto
que sostengo quebrándome
me alimenta de pájaros.

Para el prestigio de mi destrucción
déjame apenas
los alcoholes frenéticos del aire.

Por mi sangre descienden
a su único sueño,
reunido, fervoroso, que se tumba
y muere.

Suben entonces mis niños ágiles,
destruyendo, a tu vientre.

Mucho más lejos, una vibración entre dos saltos,
-esta lejanía es todo mi pecado-
la ulterior población dulcemente desnuda
danza en la luz.



VIEJA TARDE PREMONITORIA DE OTOÑO
(PARQUE INDEPENDENCIA)


Tiempo ceñido a la dehiscencia de las grises
umbelas doblegadas de ingrato amor,
tiempo sin flores,
definitiva egresa tu materia ajada
del empavorecido sueño
que me implicaba, jugado el corazón,
dulce la mano
y la horrible tormenta sobre las casuarinas.

Ya que, tentación y sombra, el tierno
labio pluvial que me acalló hondamente
lavó el temblor de mi camisa,
y piedra contra piedra, sueño sin flores,
bajo las casuarinas
no acabé de nacer,
yo te viví mil tardes.

Devuelta ahora al texto la pálida
ceniza que heredé,
trabjó por mi moneda azul.


DE COMO ODISEO FUE ULISES
Y DE SUS AVATARES

a María Isabel

A veces, alguien lo recuerda.

Alguien dijo: “Átenme
al mástil. Oyen (ODI),
hay silencio en las olas (ULI)”.

Los compañeros, sin embargo,
sólo el estruendo sentían,
bajo el mar, de la muerte.

Alguien mentía.

Pero no era el caso, la vida,
sino de la densa vibración
del oído (ODI)
en el límite (ULI).

Ese, amarrado, de lejos,
pudo ver el Rostro,
en el aire, sin aves,
de la playa.

¡Ah, ojos que, solos, saben
ver
porque sólo son mirados!
Nadie diga la hora temeraria
en que el canto surgió.

Ya que la boca
-alguien lo vería-
fulgía como un faro
de púrpura sellada
en la diadema
solar del enigma del Rostro.

Alguien, a veces, lo recuerda.

Pero otros
urden, desde el recuerdo,
una visión o un gesto
que les abra el espacio
para ser vistos
por un ojo ya desvanecido.

Alguien dijo entonces:
“Boguemos hacia Véspero,
boguemos, boguemos hacia Véspero”.

Y cruzaron
enfrentadas rocas altas,
de Heracles o de Tarik;
y el mar era un espejo,
más allá,
de durísima tiniebla.

Y Odiseo lo quebró con su espada
para huir del infierno
Lo atravesó, volvió, calló,
y regresó a su casa,
la de Ulises, un arquero esforzado.

Otros cursaron:
Tito L. Caro, Juan Cristian,
Enrique, Gerardo,
Federico, Jacobo.

Y quebraron,
pugnando,
con manos arcillosas y entintadas,
el espejo,
cundiendo el sortilegio
del infierno.

Y detrás del espejo
no había nada, nada.

Sólo un mástil
y una cuerda,
para amarrarse
-hasta la eternidad-,
frente al silencio,
por si el canto emanase.


VIEJA LAVANDO ROPA
a mi madre, i.m.

No son sólo las manos
(la hoja, apenas perfilada,
del plátano, en la fronda,
sería lo mismo)
sino sus idas y venidas
¿a qué?
Camisas y bombachas,
trapos sanitarios, mierda:
¿y qué? Un pífano
podría
arrojar locamente todo
a una tierra elevada,
melódica, de unívoco
limo.
(Ah!, tropos de epifanía!).
"Pour moi, nerveux..." cundo
la destrucción; amo el perfil
evanescente del estruje
ceñido de las telas
miserable en las manos
poderosas oprimen,
exprimen, drenan la muerte.
No la vida, su límite.
La manzana, ya comida
¿paladeada?, muerta
en sangre final, consanguínea
-tenacidad del gris-.

El dolor
sometido en la obra.


"UN CHAMUYO MISTERIOSO ME ACORRALA EL CORAZÓN"

Te desvestías.
                Desde fuera,
los bienes, parafernales,
como sutil pleamar,
humedecieron de infinito
temblor apetitivo
el cauce de la cama.
Hube de navegar, entonces,
acoplándome a los sobresaltos
de fulmíneas fricciones
en la riada del goce.
Ah, drenar el mar!
Pero, ¿por qué, final
y pleno, resonó el momento
en que sentí expandirse,
como una furia extinguida,
la voz carnal de la ausencia
en la palabra Amor?


De Ese general Belgrano y otros poemas
MERCADO DE POESÍA

Nefelibata en tu ámbito transitas,
tú uña lúdica del meñique, rasgando
la trabazón de mi mente,
sonriéndole a la violencia de mi sangre;
pero sábelo, mi voz, soterránea,
siempre estará ausente
de tu escarceo de sombras,
de los solapados mimos
con que finges el deseo;
porque no eres la línea aventurada
que, al erguirse, quebrándose
en pétalos radiantes,
                   celebre.

Tú, vacua desdicha palabrera,
no eres de la vida, ya que
no eres de la muerte.
Te llevará un tiempo donde
la nada se acople con la nada;
y flotarás en nubes tóxicas,
soberbia y vana en la afonía
radical del vacío.
Así te inseminó la algarabía
de la torva apetencia del triunfo.
Oh, tú, sonido esplendente en la incruenta
ablación de la garganta.


De Poemas inéditos 1998/2000
GLOSA AL OPTIMISMO

Mano que danzabas en las curvas
de la caricia infinita:
¿qué esquinado agravio,
de sórdida y consentida
verdad,
mutiló el esplendor
que latía en tu salto
hacia la profunda altura?
¿Qué pérfida
seilla, inscripta
en las olas
del sueño,
trocó en hastío
los colores radiantes
de tu explosión al placer?
¿Por qué se extinguió
el dulce movimiento
del saber de la muerte?
Las telas tenues del pasado
se agitan, hoy, por las calles
de un torpe, tropezado, andar
que llamamos búsqueda
del bien;
el tácito futuro, seducido
por el elixir, cegante,
sedante, abdica en la
tesura de la ausencia:
esa aurora de incierta
noche cerrada.
"Palabras, palabras, palabras"



Donde van comillas debe ir este signito (<< >>) pero la máquina me las rechaza.

4 comentarios:

Guirroma dijo...

DE TAL PALO,TAL ASTILLA

Ro dijo...

Bueno. No quiero decirte lo que quiero decirte, o tal vez no es eso, es que no sé cómo.
Me re contra encanta como me contás, como nos contás, lo que nos acabás de contar. Tu lenguaje es sencillo y a la vez sofisticado. No sé, no soy buena para definir una manera, una forma, un estilo, por eso no sé decir lo que te quiero decir.
Los poemas de Oliva, y sí, son grandes, sin dudas es un padre múltiple.
Genial posteo.
Mi beso.

Mauro Morgan dijo...

Yo tuve la suerte de ir a un taller literario dictado por Angel Oliva su hijo. Yo también siempre paso por el puestito de la municipalidad pero como veía todo tan coqueto, me acorralaba la pensión, no pensé que podía salir ese precio. En fin, algún día tengo pensado comprarme algún libro de Él. Como decis es un gran poeta.

Con respecto al ensayo que te mandaste, te re felicito. Tenes todo ese manejo tan increíble.

Nos vemos
Mauro

derian dijo...

Guirroma, gracias por pasarte y leer los poemas de Aldo.

Ro, viste qué grande que es???

Mauro, no sabía que tenía un hijo que también era poeta. La poesía completa supongo que la deben seguir vendiendo en ese puestito... aunque se me hace que un poquitín más caro.