martes 16 de junio de 2009
lunes 15 de junio de 2009
Copi, El baile de las locas

Capítulo I
Pietro Geintiluomo
Es la tercera vez en un año que comienzo a escribir esta novela, cuyo tema parece importarme tan poco que, tan pronto como termino una libreta (escribo siempre con bolígrafo Bic y en libretas de gusanillo) la pierdo ese mismo día. Y como olvido todo lo que escribo, debo comenzar de nuevo desde cero. Mi editor me monta escenas. Me ha adelantado sobre esta novela más dinero del que nunca ganaré con ella. Pero estas escenas forman parte de nuestra relación desde hace ya unos buenos diez años, independientemente del éxito de mis libros. Mi editor me empuja a escribir. Me pidió mi primer libro de dibujos, cuando aún no había reunido bastantes ni para llenar un fascículo. Un día le recomendé ir a ver Ivonne Princesse de Bourgogne de Gombrowicz, montada por Lavelli. Fue el inicio de su pasión por el teatro. Me adelantó los derechos de mis primeras piezas, que fueron publicadas antes de tener director ni actores. Publiqué mi primera novela, que le encantó, pero no tuvo el más mínimo éxito. Nada lo ha tenido. Ahora me exige otra. Por otro lado, yo vivo de sus adelantos, y cuando logra recuperarlos se pone nervioso, temiendo que deje de escribir. La novela que iba a escribir (y digo iba porque ya estoy en ello) era otra: una novela de travestis, porque me divierto creando situaciones entre ellos, pero ya lo he hecho en el teatro, es más bonito que en una novela, donde no se ve nada, y el travesti debe ser visto. Inventé no obstante algunas, que siempre acababan deteniéndose en el Carrefour de Buci, probablemente porque este barrio albergaba últimamente a algunos de los más interesantes. Pero pronto el Carrefour mismo ocupaba todo el lugar en mi imaginación, mis tres travestis se veían de repente rodeados y perdidos entre otros personajes: gatos, lulús, policías. Buci se extendía hasta St. Germain des Prés y mis personajes se mezclaban con los anticuarios de la Rue Jacob y los dependientes de la Rue de Rennes, quedando finalmente todos mezclados. Entre la Contrescarpe y la Rue du Bac, entre el distrito catorce y el Sena (con un saliente en Marais) me quedaba todo un gran territorio poblado de personajes indefinidos, además de los turistas. Y en medio de todo esto, siempre mi editor, instalado en su fortaleza entre St-Sulpice y el Senado, esperando recibir mi informe escrito con punta Bic de toda esta gente, mediante lo cual yo obtendría mis honorarios de cortesano. Es cierto. Pero ¿de quién fue la idea? Y ante todo ¿a quién la va a vender? Sin duda debe pensar: a los mismos. A los mismos que compran libros creyendo que les conciernen a ellos mismos (¡tan pocos!) o sus hábitos profesionales o de barrio (tres o cuatro mil personas) o, en el mejor de los casos, en edición barata, a los que se interesan por todo, sobre todo por los crímenes. Tal vez hasta piensa conseguir un best-seller. Pero no, tendría miedo de perderme. Teme que, una vez rico, me convierta a mi vez en editor y le robe todos sus autores (el sueño de todo autor es tener un editor-autor que haga su trabajo), dejándole solo y obligado a escribir para ganarse la vida. (...)
jueves 11 de junio de 2009
Tres de paseador de perros (nueva versión)
Reescritura de poemario que escribí el año pasado, aun estoy en ese momento en que debo dejar que pase el tiempo para ajustar cositas que me hacen ruido, corregir en profundidad, y nada, que me entusiasma esta nueva versión. Ya pienso, de todas formas, en una re-rescritura de algunos. Por ahora, es lo que hay.
7
Para Google Marilyn Monroe se suicidó,
otros dicen que la mataron, se muestran
aproximadamente 14.400.000 resultados de la búsqueda,
con el tiempo los resultados irán en aumento
y es lo único que puedo decir sobre el futuro,
los tesoros de Marilyn en su librería amiga, lo que nadie
sabe de ella, revelan imágenes inéditas de Monroe
leyendo el Ulysses de Joyce, un brindis
en casa con Henry Miller e invitados
una de las cuales es la genial Carson McCullers,
Wikipedia: fue encontrada muerta
en el dormitorio de su casa
ubicada en Brentwoo, la foto del día
diario El País: ella en 1949 sonriendo,
se le ven las manos, ni una arruga,
encuentro un proverbio: los maridos no son
nunca amantes tan maravillosos como cuando están
traicionando a su mujer, diario El Mundo:
una película en la que Marilyn Monroe
mantiene sexo oral se mantendrá en secreto,
un coleccionista asegura que el FBI
trató de probar que el hombre era Kennedy,
en la grabación, la actriz está vestida y
la cabeza de él permanece fuera del encuadre,
se muestran pasajes del video, no parece ser ella,
1 millón y medio de dólares pagó el coleccionista
que promete no difundir jamás las imágenes.
Y nada más por ahora ya que en general
lo que acaba de hacer paseador se denomina
comúnmente nostalgia y se asume de este modo:
orgía de correas atadas a las manos, híbrido
entre perro y humano en el corazón de la mañana,
y una porción del cerebro ocupada en rastrear mujeres hermosas.
¿Es que nadie pretende pasearlos de madrugada?
Las leyes del mercado sugieren otra cosa y que
no haya sido pensado resulta todavía
más factible de efectuar, una operación donde
lo que queda es la mudez, cigarrillos aplastados, cenizas,
botellas de tinto vacías, cajas de pizza con el número
de teléfono de una rotisería muy barata en la mesa del domingo
a la noche, otro día más para archivar y mandar al cajón,
después se encuentra con un álbum familiar de cuando era chico,
él subido al lomo de Cachuso, un pequinés tuerto que lo mira
desde abajo: sin embargo ahora parece una máquina que dejó de funcionar
en los años 30, emitiendo un sonido de alarma, como ese
Chaplin blanco y negro en Modern Times.
14
Ahora comento una foto
en la que aparece él en primer plano,
obviamente al parecer sonríe pero no a la cámara
sino a algo situado por fuera de todo ámbito espacial
que pueda cubrir el encuadre, al lado suyo está
una antigua novia que tenía en la secundaria,
después de la fiesta de egresados se pelearon
por causas no muy claras hasta el día de hoy,
a él siempre le gustó mucho el vino y la joda loca
con amigos, lo de siempre pero sin las fastidiosas
responsabilidades que contraería después, en el momento
de captura fotográfica se los ve bastante contentos
él le pasa el brazo por encima del hombro, no la abraza
simplemente tiene su mano en una forma tan real
que crea la ilusión del abrazo afectuoso, ella
fue congelada en el instante en que giraba la cabeza
para mirarlo a los ojos, por eso aparece con la boca torcida
y los ojos semi cerrados, ¿qué le estará diciendo? Es un día
de mucho viento, vuelan los pelos por el aire y las hojas se suspenden,
por la sombra que recorta los cuerpos
se adivina el sol luminoso de las 3, todavía tienen la ropa
del colegio puesta, ella con pollera a cuadros, él en camisa,
el fondo es verde cortado por un árbol torcido de ramas caídas,
están en un patio seguramente el de ella porque él
siempre vivió en departamentos, no tienen mucho
para hacer ni decirse porque a pesar de la felicidad
que irradian en el segundo en que fueron flasheados
es probable que las cosas hayan sido
muy distintas a como lo cuentan las imágenes.
16
Desde que tiene uso de razón ve a Sandra Bullock siempre
en la misma película, esa en la que conduce un colectivo
al palo por las carreteras de Estados Unidos,
esquiva autos, angustiada, porque corre peligro: alguien
puso una bomba adentro y no puede reducir la velocidad
a más de 60 km por hora, hacia el final se queda sin
combustible y llega Keanu Reeves para salvarle la vida,
entonces, se besan y el malo muere; por la noche
lee en internet una frase que le cambia la visión y la forma
de entender el mundo: señor, no somos un inodoro emocional
donde usted puede defecar sus frustraciones personales, dice
la frase, miente impunemente y lo sabe, pero nada es para siempre,
no se puede mentir por siempre, nuestros abogados
lo contactarán oportunamente; esto lo colma de alegría,
se queda mirando videos porno caseros hasta las 3:
un perro, el de todas las noches, aúlla y el sonido doloroso
en clave musical lo guía hasta la cama: no se puede, se dice,
ser animal y tener dolor, ser hombre y tener dolor,
casarse hasta septiembre, comer ravioles los 29,
llorar de amargura en una mercería, quedar atrapado
en el airbag y morir igual; la novela introspectiva
se traslada al mundo tangible: al lado del cenicero
de vidrio roto, con dos o tres cigarrillos aplastados,
junto a la lámpara de bajo consumo y la marca circular
que dejó un vaso de coca impregnado y pegajoso
en la mesita de luz, se conserva una muestra gratis
de perfume, muy pequeña, de una fragancia asquerosa,
que aceptó de las manos de una promotora muy linda,
una muestra gratis que dura mucho más
que el beso de una pareja octogenaria,
la voz de Mariano Closs gritando un gol de Boca,
los días de Cobain en pleno uso de sus facultades mentales.
martes 9 de junio de 2009
Poemas de la decadencia
por José, difunto miembro de este blog.
Foto
aparezco solo en una mesa
hace 5 grados
en la calle
fumo tranquilo
pensando en la calavera
que tengo como cenicero
y que cuando regrese a casa
volveré a comparar
sus dientes
con los míos
Cronómetro
aunque faltó detener el pulso
en los últimos minutos
de la cuenta regresiva
nada ha sucedido
a la marca del cero insulso
ni expectantes explosiones
ni la llegada del reino milenario
Faktum
me estoy aferrando
al mínimo espacio que falta
para llegar a la dureza de las cosas
importa ese margen lleno
de aire que me distancia
de una puerta
una taza
un cepillo
las marcas de mis uñas sobre mis uñas
que vanamente se atrapan
Fiebre
una corriente benigna
dócil
insustancial
me corre las venas
por el vacío
frenético
súbito
de mis (in) contorno (s)
ni banda de moebius
ni cualquier otra analogía
de la indistinción
logra darme el shock
entonces
apunto hacia el cielo subterráneo
y las balas de agua me llueven a los ojos
Por un antiecologismo militante
Las plantas carnívoras
conservan la sabiduría que han perdido
vegetarianos y fumadores
de tabaco light
son el resto insubsumible
de la maquinaria que nos serializa
en coloridas cajas de perfume
exhiben sus dientes afilados
mientras tiernamente engullen
los ojos de humanizadas mascotas
sábado 6 de junio de 2009
lunes 1 de junio de 2009
Pero nunca leyó un libro
viernes 29 de mayo de 2009
Apuntes para un poema sobre el matrimonio
Se trata de José Carlos Yrigoyen, peruano, edad desconocida pero rondará, seguramente, los 40 pirulos. Es sorprende lo que se siente en el momento de descubrir un nuevo poeta. De link en link, caí en este tipo que tiene una muñeca prodigiosa. A continuación, reproducción de unos poemas afanados de la web y blogs otros.
Los nombres de los que en mis brazos estuvieron
no son ya un recuerdo malo, una imagen de culpa.
Cristian. Santiago. Renzo. En el asiento trasero
del auto abandonado de aquel arenal, los esperaba
con las piernas descubiertas, con esas palabras
aprendidas de mis libros para nuestros encuentros,
dichas en voz alta, para que pudieran entenderme,
en el fondo del asiento, maquillado como un muerto.
Sus nombres ya no me producen remordimientos,
solamente la duda esa que sentimos todos,
si alguna vez fui para ellos una chica en serio.
Dime si hay despertar más terrible
que el de quien al alba se encamina tras la memoria;
cuando paseábamos por las calles abrazados,
sin inquietarnos, y esos largos besos
en una calle desierta rodeados por el brillo del mediodía
eran nuestro gran emblema de complicidad.
Pero triste es saber ya pasados esos días de placer
y ahora, desandando, reconocer estos lugares
apenas como el decorado de una despedida.
De Los días y las noches
APUNTE PARA UN POEMA SOBRE EL MATRIMONIO
1 de octubre. Si este amor puede crecer, sólo lo hará
debidamente en el Orden. He dormido hasta muy tarde,
como la primera vez que desperté contigo, hace tres años:
a mi lado, desordenados como tablas viejas en la orilla
recuerdo bien nuestra posición sumisa al abrir los ojos,
que en algunos países pudo ser una forma de rezo.
He dormido hasta muy tarde, he pasado la noche apenas
sostenido en la lectura de la primera oeuvre de Ernst Zundel,
The Hitler we loved and why. Leyéndola puedes encontrar
la gozosa disposición de quienes fueron desnudados en la puerta,
lavados y purificados al igual que los veloces ratones
del sembrío, amontonados sobre el fuego solamente para destruir
el elemento mortal que heredaron de sus antepasados.
Zundel imagina esas almas liberadas escapando por el ducto,
como por una especie de vacío circular. Yo pienso, más bien,
que el exterminio es un río que acepta la perfecta sincronía
de unos muchachos sobresalientes en el manejo de los remos.
El exterminio es mi negativa a respetar lo imperfecto.
(Y si la variación continua es el estado natural de la mente,
Zundel de esa manera convierte las flores en sonido.)
Nada de esto servirá cuando me encuentre frente a ti.
Sólo me salvará llevar el poema hasta sus propios márgenes,
pedirte perdón por todos esos vicios en los que te inicié,
aceptar que se necesitaron dos para hacer de este amor
algo tangible o al menos verificable, que no pude hacerlo solo.
En el interior de la Iglesia aguardan nuestros padres,
nuestros amigos, la nostalgia del guardián de la torre de la vigía,
los horribles nombres de los sobrevivientes. Aquí quedan
todas las cosas que para ser definidas deben estar ausentes. Aquí
mi plegaria entre los automóviles estacionados. 1 de octubre.
de Horoskop
viernes 22 de mayo de 2009
Aldo Oliva

Descubrí la poesía de Aldo Oliva en el año 2006, a mis 18 años. El dato temporal no es en vano: recién salidito del dionisíaco universo de la secundaria, con el título en la mano, trataba de iniciarme en el oscuro mundo de la Facultad de Humanidades y Artes en Rosario. No fue gracias a la facultad que lo descubrí, no recuerdo cómo habré llegado hasta él: lo que sí sé es que en algún momento, cuando vagaba por el centro esperando cursar una materia, me vi parado frente al puestito de libros de la Municipalidad comprando la Poesía completa de Oliva, cuando todavía se podía conseguir poemas completos al módico precio de veinte mangos. Me lo compré por una actitud fría y consecuente de esnobismo: hasta ese momento creo que había leído un solo poema en la web, y más tarde leí con cierto entusiasmo un dossier que le dedicaron en el Diario de Poesía. Sabía que Oliva era el Padre de la poesía rosarina, pero no, como más tarde supe, que se trataba de una poesía distinta y de una voz única e inconfundible en todo el territorio nacional. Como Hijo y descendiente de Oliva, no pude por menos que comprarme su libro. Las relaciones literarias filiales, además de conflictivas, se prestan a estas cosas: hay que matar al Padre, siempre leyéndolo y torturándolo con nuestras lecturas. Bueno. La cosa pintaba buena. Atraído por esa etiquetita consumista de que era el Gran Poeta rosarino, no podía defraudarme de ningún modo. Estaba destinado, antes de siquiera abrir el libro, a gustarme sea como fuese. El ensayo preeliminar, la contratapa, la extensa solapa, las fotos de Aldo, su familia, sus amigos y su infancia, todo era prometedor y de ensueño. Casi mágico. Y ahora viene la parte real. Esto es como cuando uno tiene la idea para un gran cuento, ya maduro en la cabeza, y después termina siendo una verdadera bosta. Después de leer los poemas de Oliva debo confesar que lo detesté y lo odié y lo negué tres veces a la luz de la luna. Se trataba de un tipo recontra erudito que hacía una poesía más erudita que él, frases inentendibles, citas sin sentido y poemas que no tenían coherencia salvo en el simbolismo mallarmeano o en una oscuridad surrealista que yo no entendía y de la que se me escapaban todas las interpretaciones posibles. Mi Padre me había defraudado, no quería verlo más, hubiese regalado ese libro. Como una pelota de basquet, encesté el libro al fondo de la biblioteca. Más tarde vino el arrepentimiento y la culpa literaria. No había tirado una pelota a la biblioteca sino un búmeran porque ese libro regresó a mí y dio en la cabeza. Un golpe fuertísimo. El Padre estaba aleccionando al Hijo. Y de qué manera: Oliva se fue transformando, sin darme cuenta, en un poeta brillante, lúcido, potente. Era una maquinita, sí, pero una maquinita poderosa. Nunca me pareció muy interesante el objetivismo que practicaban la mayoría de los rosarinos, pero Oliva era diferente, era objetivo pero de otro tipo y en otro estado. Un objetivismo por donde se colaba a veces un sujeto raro, erudito, de una sintaxis extraña, que cultivaba el fraseo justo, la palabra culta y sublime (qué palabra de mierda, sublime). Para quienes no lo conocen y todavía no se enteraron de qué va la cosa, acá una minibio: Oliva nació en Rosario en 1927 y murió en el 2000. Oliva y yo permanecimos en el mundo por doce años y mientras yo jugaba a la pelota en el campito enfrente de casa, él escribía sus poemas y enseñaba en la facultad. Fue profesor de Letras, pero antes de eso fue un alumno rezagado que se recibió a los 50 añitos y, según dicen quienes lo tuvieron, fue un profesor brillante. Se juntaba en los bares rosarinos a hacer pogo con Padeletti y Gola, entre otros amigos. Y eso es relativamente todo. Que fue, en secreto, uno de los más grandes poetas (hasta diría) de la actualidad. En el año 1989 Aldo publica su primer libro. Es cierto que nunca pasé de la tercera hoja de ese soporífero librillo que es Cesar en Dyrrachium. Es algo así como una Enéida del siglo XX. Pero sus demás libros me caen bien, muy bien. La referencia hiperculta, las citas, el simbolismo, el lenguaje sutilísimo y depurado, el modernismo rubendariano, por ahí va el mundo de Aldo. Es bastante complejo entrarle pero una vez adentro ya es difícil salir. El año pasado en la facultad nos dieron a leer varios poetas, entre ellos a Aldito. Estudiarlo me hizo bien para comprenderlo todavía más. Eso sí, al Cesar en D. no hay con qué darle. Perdón Aldo, pero es dificilísimo y seguro ni vos lo entendés. O sí lo entendés, claro, pero no querés que un pobre estudiante y mediocre como yo logre, aunque sea, leerlo completo. Creo que nunca voy a entender cuál es la propuesta en César. En fin. Otra cosa que me gusta de Oliva es algo que dice Roberto García en el prólogo. Tomen:
El emblema de origen que Aldo Oliva exhibía era el barrio. No Rosario, la ciudad que había proliferado durante las tres primeras décadas del siglo XX con el agregado de la fuerza de trabajo importada de Europa; sino "El Parque".
Me gusta porque para mí tampoco representa Rosario un emblema y sí el barrio en el que me crié: la zona sur, la avenida circunvalación, el hipermercado Libertad, el super La Sandro, el Barrio Yrigoyen, Las Oblatas, el barrio Las flores, la escuelita en que trabajaba mi vieja, la 756. Creo que se nota mucho el barrio en Oliva, se percibe, se lo respira más que nada. Bueno, ahora lo importante porque me cansé. Copio unos cuantos poemas de Poesía completa, editorial Municipal de Rosario, 2003. No se depriman si no entienden los poemas. Pasa en una primera, en una segunda, tercera, cuarta y etcéteras lecturas. Dedíquense mejor a disfrutarlos.
La selección la hice a gusto propio.
Del libro De Fascinatione
VERANO
Para la ascensión de mis ojos,
déjame apenas
la violencia solar.
Mi fe se llama
azulamiento atroz que canta:
ciclos que ciñen
la sumisa tierra de oro.
La sombra velocísima del fruto
que sostengo quebrándome
me alimenta de pájaros.
Para el prestigio de mi destrucción
déjame apenas
los alcoholes frenéticos del aire.
Por mi sangre descienden
a su único sueño,
reunido, fervoroso, que se tumba
y muere.
Suben entonces mis niños ágiles,
destruyendo, a tu vientre.
Mucho más lejos, una vibración entre dos saltos,
-esta lejanía es todo mi pecado-
la ulterior población dulcemente desnuda
danza en la luz.
VIEJA TARDE PREMONITORIA DE OTOÑO
(PARQUE INDEPENDENCIA)
Tiempo ceñido a la dehiscencia de las grises
umbelas doblegadas de ingrato amor,
tiempo sin flores,
definitiva egresa tu materia ajada
del empavorecido sueño
que me implicaba, jugado el corazón,
dulce la mano
y la horrible tormenta sobre las casuarinas.
Ya que, tentación y sombra, el tierno
labio pluvial que me acalló hondamente
lavó el temblor de mi camisa,
y piedra contra piedra, sueño sin flores,
bajo las casuarinas
no acabé de nacer,
yo te viví mil tardes.
Devuelta ahora al texto la pálida
ceniza que heredé,
trabjó por mi moneda azul.
DE COMO ODISEO FUE ULISES
Y DE SUS AVATARES
a María Isabel
A veces, alguien lo recuerda.
Alguien dijo: “Átenme
al mástil. Oyen (ODI),
hay silencio en las olas (ULI)”.
Los compañeros, sin embargo,
sólo el estruendo sentían,
bajo el mar, de la muerte.
Alguien mentía.
Pero no era el caso, la vida,
sino de la densa vibración
del oído (ODI)
en el límite (ULI).
Ese, amarrado, de lejos,
pudo ver el Rostro,
en el aire, sin aves,
de la playa.
¡Ah, ojos que, solos, saben
ver
porque sólo son mirados!
Nadie diga la hora temeraria
en que el canto surgió.
Ya que la boca
-alguien lo vería-
fulgía como un faro
de púrpura sellada
en la diadema
solar del enigma del Rostro.
Alguien, a veces, lo recuerda.
Pero otros
urden, desde el recuerdo,
una visión o un gesto
que les abra el espacio
para ser vistos
por un ojo ya desvanecido.
“Boguemos hacia Véspero,
boguemos, boguemos hacia Véspero”.
Y cruzaron
enfrentadas rocas altas,
de Heracles o de Tarik;
y el mar era un espejo,
más allá,
de durísima tiniebla.
Y Odiseo lo quebró con su espada
para huir del infierno
Lo atravesó, volvió, calló,
y regresó a su casa,
la de Ulises, un arquero esforzado.
Otros cursaron:
Tito L. Caro, Juan Cristian,
Enrique, Gerardo,
Federico, Jacobo.
Y quebraron,
pugnando,
con manos arcillosas y entintadas,
el espejo,
cundiendo el sortilegio
del infierno.
Y detrás del espejo
no había nada, nada.
Sólo un mástil
y una cuerda,
para amarrarse
-hasta la eternidad-,
frente al silencio,
por si el canto emanase.
VIEJA LAVANDO ROPA
a mi madre, i.m.
No son sólo las manos
(la hoja, apenas perfilada,
del plátano, en la fronda,
sería lo mismo)
sino sus idas y venidas
¿a qué?
Camisas y bombachas,
trapos sanitarios, mierda:
¿y qué? Un pífano
podría
arrojar locamente todo
a una tierra elevada,
melódica, de unívoco
limo.
(Ah!, tropos de epifanía!).
"Pour moi, nerveux..." cundo
la destrucción; amo el perfil
evanescente del estruje
ceñido de las telas
miserable en las manos
poderosas oprimen,
exprimen, drenan la muerte.
No la vida, su límite.
La manzana, ya comida
¿paladeada?, muerta
en sangre final, consanguínea
-tenacidad del gris-.
El dolor
sometido en la obra.
"UN CHAMUYO MISTERIOSO ME ACORRALA EL CORAZÓN"
Te desvestías.
Desde fuera,
los bienes, parafernales,
como sutil pleamar,
humedecieron de infinito
temblor apetitivo
el cauce de la cama.
Hube de navegar, entonces,
acoplándome a los sobresaltos
de fulmíneas fricciones
en la riada del goce.
Ah, drenar el mar!
Pero, ¿por qué, final
y pleno, resonó el momento
en que sentí expandirse,
como una furia extinguida,
la voz carnal de la ausencia
en la palabra Amor?
De Ese general Belgrano y otros poemas
MERCADO DE POESÍA
Nefelibata en tu ámbito transitas,
tú uña lúdica del meñique, rasgando
la trabazón de mi mente,
sonriéndole a la violencia de mi sangre;
pero sábelo, mi voz, soterránea,
siempre estará ausente
de tu escarceo de sombras,
de los solapados mimos
con que finges el deseo;
porque no eres la línea aventurada
que, al erguirse, quebrándose
en pétalos radiantes,
celebre.
Tú, vacua desdicha palabrera,
no eres de la vida, ya que
no eres de la muerte.
Te llevará un tiempo donde
la nada se acople con la nada;
y flotarás en nubes tóxicas,
soberbia y vana en la afonía
radical del vacío.
Así te inseminó la algarabía
de la torva apetencia del triunfo.
Oh, tú, sonido esplendente en la incruenta
ablación de la garganta.
De Poemas inéditos 1998/2000
GLOSA AL OPTIMISMO
Mano que danzabas en las curvas
de la caricia infinita:
¿qué esquinado agravio,
de sórdida y consentida
verdad,
mutiló el esplendor
que latía en tu salto
hacia la profunda altura?
¿Qué pérfida
seilla, inscripta
en las olas
del sueño,
trocó en hastío
los colores radiantes
de tu explosión al placer?
¿Por qué se extinguió
el dulce movimiento
del saber de la muerte?
Las telas tenues del pasado
se agitan, hoy, por las calles
de un torpe, tropezado, andar
que llamamos búsqueda
del bien;
el tácito futuro, seducido
por el elixir, cegante,
sedante, abdica en la
tesura de la ausencia:
esa aurora de incierta
noche cerrada.
"Palabras, palabras, palabras"
Donde van comillas debe ir este signito (<< >>) pero la máquina me las rechaza.
martes 12 de mayo de 2009
Epifanías (o Mujer parada en un semáforo)
y llueve, mira, las
primeras gotas caen de una nube negra, negra,
negra de una nube en cambio tú te fijas
en ella al otro lado y piensas que es curioso
que el mundo se detenga, brille, que en el Ipod
suene una canción repugnantemente hermosa
o bella y todo cobre sentido en ella que
al fin y al cabo sólo
ve pasar un Porsche, la lluvia.
de Javier Calvo (1985), España.
nada.-
la mente en blanco
las cerillas en su caja
freud nunca es leído
nada
ni siquiera música
ella no se muestra
es cobarde
y egoísta
el corazón de un hombre
es el mar
más profundo
esta dormida
ocupada en sus asuntos
ya ni me sueña
se levanta y nada
nada la toca
ni el recuerdo
ni el presente
sonríe y piensa
habla del destino
se pone de blanco
de blanco y de nada
ahí va
a pasos firmes
creyendo perseguir
al mundo
creyendo conquistarlo
llora
busca remedio
para un corazón vacío
vacío de nada
busca mi música
y mi cercanía
se conforma
solo el hilo de un recuerdo
le pinta una sonrisa
habla de energía y nada
cosas
cosas se filtran
su mente reprime todo
pulso dientes
gripe y tapabocas
superman la mira
desde arriba
alabado sea dios
que nos llena de nada
y yo
entre su sexo y la nada
mato al orión y mato
a sus palabras
(el corazón de una mujer es el mar más profundo)
domingo 10 de mayo de 2009
Tres de Miguel D'ors
Mi vida: tantos días
que no estuve en El Cuzco
ni en Siena ni en Grenoble,
tantos aviones rubricando el cielo
en los que yo no iba, tantas voces
cuyo calor jamás
tocó mi corazón.
Sólo el tiempo, vacío,
sólo el tiempo, esta estepa
desesperada, sólo
ver los martes, los miércoles, los jueves,
ver cómo se suceden, implacables,
los tubos de Colgate.
CONTRASTE
Ellos que viven bajo los focos clamorosos
del éxito y poseen
suaves descapotables y piscinas
de plácido turquesa con rosales
y perros importantes
y ríen entre rubias satinadas
bellas como el champán,
pero no son felices,
y yo que no teniendo nada más que estas calles
gregarias y un horario
oscuro y mis domingos baratos junto al río
con una esposa y niños que me quieren
tampoco soy feliz.
RARO ASUNTO
Raro asunto la vida: yo que pude
nacer en 1529,
o en Pittsburg o archiduque, yo que pude
ser Chesterton o un bonzo, haber nacido
gallego y d’Ors y todas estas cosas.
Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.
Más poemas the D'ors
jueves 7 de mayo de 2009
jueves 9 de abril de 2009
Poema sin título
si mi hijo
si nuestro hijo
fuera naciera sol o
luna homosexual poeta
o guerrillero ah si creciera
guerrillero o usurero al tanto %
o asesino oficinista vendedor de
peines en el subte o suicida flor
o cardo violador de tumbas o impasible
espectador del mundo comprensible padre de
familia actor de cine Rita Hayworth Tyrone Power
sacerdote verdugo militar terrorista puta carcelero
en la exacta mitad de tu ombligo te explico Manés que
si nuestro hijo recoge la bandera que dejamos o por
el contrario un ejemplo la olvida la traiciona la
veja la vende a razonable precio entendeme
si nuestro hijo mañana es muerto por ir más
allá de donde fuimos o por menos o por
error o por justicia o por lo que sea si
los muertos somos nosotros vos o yo o los
dos y él quien nos fusila de todos
modos Manés habremos ganado
porque la libertad es lo único que
debemos legarles a los demás
compañera amiga mía
no tiene mayor
relevancia.
El 17 de mayo de 1975 llamó Manés y dijo que estaba preocupada, porque Jorge no había vuelto a casa la noche anterior. Extraña mezcla de economista y poeta, casado 29 años y una hija de 3, Jorge Money trabajaba en La Opinión. Pero él y nosotros nos reíamos porque no creíamos en la gloria del papel prensa. Apostábamos a otros papeles, como los que una semana antes que todo esto ocurriera, Jorge me había dado en una carpeta. Eran poemas. Los compañeros empezamos a movilizarnos, pero nadie sabía nada. El 19 de mayo de 1975, en un descampado cercano a las piletas de Ezeiza, Jorge Money apareció acribillado. Tenía las manos atadas con alambre. La triple A lo había asesinado. No alcancé a comentarle a Money, que el primero de los poemas tenía la forma del vientre embarazado de Manés. Cada vez que abro esa carpeta, él insiste en la locura de vivir. Y vive. [Alberto Szpunberg]
[Del libro: PALABRA VIVA editado por la S.E.A]
Jorge Money (¿1946?-1975). Poeta y periodista nacido y muerto en Buenos Aires.
martes 31 de marzo de 2009
de "el músico del alto palermo"
amanece
el músico del alto palermo
mira al cielo
y en el sublime intento
de restarle peso al aire
que respira
se rinde
se desvanece
permanece de rodillas
ante un nuevo sol
que se trae consigo al desamor
de un verano
que se aleja
dios
en tus manos encomiendo
mi espíritu
así le habla el músico
a aquel director de orquesta
que invisible
gobierna desde el cielo
no existen pensamientos
que se filtren
entre ellos
no hay lugar para el odio
la desesperanza
comienza su ajetreado viaje
hacia aquello
que se aprende
una luna de plata
pierde su color y vuelve
a ser blanca
una guitarra de cinco cuerdas
finalmente calla
el beso de dos locos
vuelve a quedar
prohibido
todo vuelve a su sitio
el músico en la misma grada
las manos permanecen
en lo oscuro
las bocas ya no se abren
una mirada se
pierde y nunca mas
volverá a intimidar
el río siempre será río
el mar nunca será dulce
los sexos vuelven a estar
divididos
y ahora cargan con un deseo
que nuca será mas que eso
ese acto fallido
ese instante en el que la moralidad
no tiene cabida
piensa el músico
del alto palermo
acechan a su memoria
recuerdos de una mañana
en la que el enamoramiento
encontró punto
de partida
primero recuerda la ropa
la piel se le eriza
segundo aquellas escaleras
una súbita ráfaga de viento
el crepúsculo el cielo el amor
tercero la cocina desolada
cuanto darían los cuerpos
por matarse en un abrazo
cuarto quinto sexto
los ojos se besan
el aire se verbaliza
el músico y ella
aprenden a ser ciegos
pero repentinamente
como el primer rayo
de un titánico sol
que asusta
vuelven a recobrar
la vista
todo queda sedentario
inmóvil
todo es tocado por la vara
de un témpano
a partir de este momento
el músico del alto palermo llora
hay amores que hablan
con el viento
pero el viento
nunca ha entendido
absolutamente nada
de los amores
solo queda la música
queda histérica
y somnolienta buenos aires
la bomba de tiempo
de un antiguo reloj a cuerda
que inevitablemte
debe detenerse
domingo 22 de marzo de 2009
Qué es el mar
(...) Raimondi encuentra que la noción de paisaje, infinitamente complejizada por la profusión de series económicas, sociales, históricas, comporta un problema de método. Se puede decir una palabra sobre este asunto; inspeccionando con atención Poesía civil, es claro que el método constructivo de Raimondi consiste en disolver la inmediatez de un objeto en la totalidad de las mediaciones sociales que lo constituyen. Por doquier encontraremos esta solución; quizás una de sus expresiones más acabadas es la que se lee en el poema "Qué es el mar". Pensemos por un instante en lo que haría cualquier versificador común frente a esa pregunta: tal vez se ocuparía del sublime rugido de la marea; más posiblemente, rememoraría los tiempos felices de la infancia en vacaciones, como hacen algunos cineastas actuales. Veamos qué prefiere responder Raimondi a la pregunta "qué es el mar":
El barrido de una red de arrastre a lo largo del lecho,
mallas de apertura máxima, en el tanque setecientos mil
litros de gas-oil, en la bodega bolsas de papa y cebolla,
jornada de treinta y cinco horas, sueño de cuatro, café,
acuerdos pactados en oficinas de Bruselas, crecimiento
del calamar illex en relación a la temperatura del agua
y las firmas de aprobación de la Corte Suprema, circuito
de canales de acero inoxidable por donde el pescado cae,
abadejo, hubbsi, transferencias de permiso amparadas
por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca; ahí:
atraviesa el fresquero la línea imaginaria del paralelo, va
tras una mancha en la pantalla del equipo de detección,
ignorante el cardumen de la noción de millas o charteo,
de las estadísticas irreales del INIDEP o el desfasaje
entre jornal y costo de vida desde el año mil novecientos
noventa y dos, filet de merluza de cola, SOMU y pez rata,
cartas de crédito adulteradas, lámparas y asiático pabellón,
irrupción de brotes de aftosa en rodeos británicos, hoki,
retorno a lo más hondo de toneladas de pota muerta
ante la aparición de langostino (valor cinco veces mayor),
infraestructura de almacenamiento y frío, caladero, eso.
Todo está resuelto en este glorioso poema. Adentrarse en las profundidades del mar, para Raimondi, no equivale a convocar la belleza terrible de las sirenas, ni tampoco a recordar los juegos de paleta en las tranquilas playas marplatenses, sino a toparse con redes de pesca, litros de gas-oil, jornadas laborales, reuniones en Bruselas, estadísticas, permisos de explotación, resoluciones jurídicas, sistemas de medidas, valor, tecnología, créditos... La pregunta del título es así directamente contradicha por los versos que convierten de un plumazo la pregunta sustancial-metafísica qué es en una pregunta histórico-social, para qué sirve. La magnitud de este paso es de una importancia superlativa, indisimulable, en la medida en que sólo a partir de esta pregunta puede abordarse el complejo tejido de las relaciones sociales capitalistas y, correlativamente, el mundo entero. De ahí que la escritura poética no pueda fundarse, para Raimondi, en otra cosa que en la investigación microhistórica (capaz de compaginar distintas fuentes, textos y fragmentos de información en una conflictiva fórmula poética) heredada de la metodología warburguiana que floreciera en la Bahía Blanca de los 60s de la mano de Héctor Ciocchini y otros investigadores. La textura enumerativa del poema reúne diversidad de entornos, escenarios, prácticas y campos semánticos: la temperatura del agua, especies animales, sistemas financieros, ingeniería naval, radares, la aftosa; poco avanzaríamos proponiendo con timidez que "para Raimondi no hay una respuesta a la pregunta qué es el mar, sino muchas", y en cambio es insoslayable la compenetración que este poema exhibe entre un determinado método de trabajo y una compleja noción de totalidad. Un poema como éste no es resultado de un arrebato momentáneo, sino de la búsqueda y comparación de fuentes, de la indagación pertinente, de la reflexión sistematizada. El método raimondiano, para expresarlo con las categorías de la lógica hegeliana, parte de la premisa de que no se trata nunca del mero ser-en-sí, sino de este mismo ser en cuanto que esencialmente es ser-para-otro. Así, la cuestión no es el mar, sino su uso social, cosa que implica adentrarse, con moderno ánimo de investigación, en todo un profuso entramado de conocimientos, representaciones y circunstancias con una sustentación estrictamente económico-política. Ahora bien, este uso social, en las sociedades modernas, no es otro que el uso capitalista. Lo que estos versos muestran es que si uno va verdadaderamente al fondo del mar se encontrará con el capitalismo, es decir con la propiedad privada. No habrá allí rejas ni alambre de púa, pero sí trazado de paralelos, licencias, millas, etc. El irregular planteo paratáctico del poema clarifica que la verdadera sintaxis del asunto está en esas magnitudes, en esas licencias y en esos contratos cuya lógica no es la de la descripción, sino la del intercambio numérico abstracto.
sábado 21 de marzo de 2009
Borgeana
una canción sin fondo
que suena por los altoparlantes del local,
mientras R. elige unos zapatos negros.
Afuera, en el shopping, la gente camina sin dirección
ni rumbo, con bolsas multicolores e hijos en las manos.
Cíclicamente, siempre son las mismas caras
atravesando las vidrieras, una y otra vez,
como si se tratara de una ficción borgeana.
En el pequeño local de enfrente,
el hombre de Lo Jack dormita detrás
de su notebook, me mira, se vuelve a dormir.
Los empleados Lady Stork están contentos,
ella le sonríe y él simula bailar delante del espejo.
No necesitan nada más, tal vez, un poco de sexo,
pasar una noche juntos y decirse te quiero,
me gustás mucho.
Lo único que me une al mundo terrenal, nicheano,
es la pequeña mosca
que desprevenida y ausente se posa en mi brazo.
lunes 16 de marzo de 2009
Stand by me
Con lo que grabaron han hecho un "megamix", en el que volcaron parte de lo que grabó cada uno. Y el resultado es genial. Hay músicos de Santa Mónica, California; de Nueva Orleáns, Luisiana; de Ámsterdam; un grupo de percusionistas indios americanos de Nuevo Méjico; un violonchelista ruso; un coro de mujeres sudafricanas y gente de Barcelona, Caracas, Congo y Río de Janeiro. Repito, todos son músicos callejeros. Disfruten.
lunes 9 de marzo de 2009
Los mataremos a todos
viernes 6 de marzo de 2009
miércoles 4 de marzo de 2009
Chau
Mi aprecio a todos ustedes, Salud.
José.
miércoles 25 de febrero de 2009
de "el músico del alto palermo"
está de vuelta
el músico del alto palermo
como un imán que encontró
el centro de la energía magnética
en el lugar
que inspira su poesía
se trae consigo
a un nuevo amor
el caudal de un río que por siglos
corrió en las recónditas
aguas de su soledad
la manzana del paraíso
de un Dios que escupe
en la cara
se trae consigo
estrofas cortas
la piel de Resada
la boca de un huracán
que ataca por instinto
cuando la razón
encuentra al éxtasis
sabe que el tiempo
no es mas
que la hoja de un árbol
que espera agónica
el otoño
sabe que el infinito
nunca fue
la simbología numérica
de lo indeterminado
el amor de un niño!
un globo rojo que espera
ser alcanzado por sus manos
la promesa de un absurdo!
la ficción más predecible
del aquél voltaje que separa
sus labios
de los de ella
ríe el músico
del alto palermo
el universo se ha reducido
a un vaso de cerveza
al flamenco de carmona
aquella sonrisa que golpea
cuando cierra los ojos
y la encuentra
en los acordes
de una canción nueva
tiene ganas de raspar
la libertad
con la punta
de los dientes de un peine
los empieza a contar
un diente
se rompe una cadena
dos dientes
la luz del sol quema sus muñecas
tres
el cielo nunca más será gris
cuatro cinco seis
el enamoramiento
lo hace volar
por un cielo estrellado
los ojos de ella
brillan aun más
a partir de este momento
el músico del alto palermo
pierde los miedos
una laguna canta
la luna no me deja dormir
un porteño grita
te quiero
una asuncena pide perdón
y al siguiente segundo
le imprime en sus labios
el mas dulce
de los besos
sin más que decir
el músico del alto palermo
se asoma
y como un juez
que dará veredicto
golpea el martillo en la mesa
establece orden
y en voz muy alta dice
acompáñame a descubrir
si tu calor y el mío
pueden conservarse
cuando con el tiempo
llega el frío
martes 24 de febrero de 2009
Sé que en otra época me hubiera quedado con la intriga

Todos los miércoles a la noche, Alan Pauls, ese escritor que todavía permanece en la oscuridad para mí, presenta un ciclo de cine en I-sat; un ciclo más que recomendable que de pronto te pasan La doble vida de Verónica de Kieslowski o Tideland de Terry William. Digamos, por ponerle un título, que es una especie de ciclo de películas de culto. Uno dice I-sat y rápidamente lo asocia con la adolescencia, los viernes y sábados a la noche masturbándose con las semi-pornos que suelen pasar. Pero si se fijan en la programación van a ver que I-sat la rompe y suelen emitir películas excelentes. Por ejemplo pasan la serie de culto Carnivale y, cada dos por tres, películas geniales. La cosa es que I-Sat no es Cinecanal y tiene, cada media hora, una propaganda: un embole, teniendo en cuenta la calidad de las películas. Si te vas a poner a ver Serpientes en el avión, o Virgen a los 40 (que reconozco disfruté mucho y me sacó bastantes carcajadas) ahí te acepto todos los cortes que quieras. Pero de ninguna manera es coherente cortar por la mitad una película de la densidad de La doble vida de Verónica. En fin, políticas incomprensibles de los canales. La cosa es que en uno de esos cortes, escuchaba una canción que me llamaba mucho la intención, porque intuía que había sido un himno de época. Tenía un ritmo absolutamente pegadizo y en algún lugar de mí sabía que ya la había escuchado. Que había quedado en un lejano sitio de mi mente por mucho tiempo oculta y ahora revivía en la pantalla de I-sat. Una canción ochentosa, que hacía de fondo a un ciclo de cine de esa misma época. A veces me pregunto si mi viejo habrá bailado estas canciones, y me entra una rara melancolía: la música, el ritmo mismo ya es sugerente y evocador. Mi tío seguro que la bailó, él todavía no pudo salir de los Flippers (aunque no para de jugar Play Station sé que en el fondo es una manera de jugar flipper, de seguir en contacto con los flippers) y hasta tiene en su computadora canciones como Thriller de Michael Jackson. La propaganda del ciclo ochentero terminaba y yo me quedaba pensando. De dónde mierda conocía esa canción. Supongo (ahora lo supongo) que de ningún lado: así viven en nuestras mentes como el dinosaurio Bernardo (el dinosaurio Bernado es hermoso, el más hermoso de la televisión). Se quedan, como algo automático. Eso pasó. La melodía me rondó varias semanas en la cabeza, y no me animé a preguntarle a nadie si la conocía porque, primero: no conocía el nombre de la canción; segundo: nadie que yo conozca mira I-sat. O por lo menos que yo sepa. Seguí mi vida lo más normal, estudiando, comiendo mucho, jugando poker,hasta el día de hoy en que recordé que es la misma canción que pasaban en los comerciales de Yogur Ser. Así que no me aguanté más y me fui a Google y puse: "cancion de propaganda de ser" (así, sin acento; es increible lo parco y económico que te obliga a ser el buscador más famoso de la tierra) y me saltó este link. Fui directo como un rayo a Youtube a buscar a la tal Cyndi y ahí estaba ella, rubia, con el pelo como el de Axl Rose en las primeras épocas de los Guns. Un video moderno, que cabalga entre la estilística posmo sin llegar a serlo. De cualquier forma ahí está, ahora puedo vivir tranquilo, seguir mi rutina. El video en cuestión, acá.
viernes 20 de febrero de 2009
Cuerpos alineados

Ahora uno de los dos equipos grita y los seis jugadores se abrazan. Los del equipo contrario (que es donde está el muchacho de bermuda blanca) bajan la cabeza y se reprochan algo que desde mi sitio no logro escuchar. No pueden tener más de dieciséis o diecisiete años. Es más, no creo que ninguno llegue a los quince, como mucho. Hay algo que me hace dudar de la edad promedio del grupo y son los pelos en el pecho de algunos, ya enrulados, la barba creciente que se puede disimular apenas como una sombra cubriendo cada una de las rosadas mejillas. Cuando levantan los brazos para golpear la pelota o pasársela a un compañero, debajo del brazo se les notan todavía más pelos como una madeja, enrulados y negros. Sus cuerpos tienen ya la forma de hombres y la mayoría son muy flacos. Arriesgo una serie de nombres para algunos de ellos: Germán, el de bermuda blanca, que juega en el equipo que mira hacia el mar. Denis, que juega para el equipo que está de espalda al mar. Ivo, el más musculoso entre todos, juega con Germán y también con el Tano y Gabriel. Denis, que vendría a ser algo así como el capitán del equipo contrario, juga con Sebas, un muchachín de movimientos bastante simpáticos, y Tino, de pelo largo y lacio.
Germán se estira y alcanza a rozar la pelota para que no caiga en la arena, la toma Gabriel que la levanta a un metro de la red, y el Tano remata furioso. Punto para el equipo de Germán. Denis se toma la cintura y el equipo de Germán empieza a rotar. Saca Gabriel. La recibe Sebas, que se la pasa a uno del cual desconozco su nombre y Denis remata. El remate no fue tan violento, de manera que alguien del equipo de Germán la recibe cómodamente, otro prepara el remate levantando la pelota al cielo haciéndola brillar en lo alto, para que con un impulso sobreactuado, el Tano remate. Otro punto para el equipo de Germán, que levanta las manos pidiendo a la hinchada un poco de aliento. Las chicas a un costado de la cancha despiertan de su habitual modorra y empiezan a agitarse. Cantan a coro. Los del equipo de Denis están como locos, ahora que las chicas largaron el termo del mate y hasta empezaron a aplaudir. No hinchan para ningún equipo en especial, supongo que son como todas las hinchadas del mundo cuando se está frente a dos equipos neutrales, que no siente nada en especial: hinchan para el que pierde. Lo mismo ocurrió en el mundial Corea Japón 2002. Muchos orientales, desinteresados del fútbol y de cualquier tipo de política futbolística, alentaban para Argentina, sobre todo cuando nos enfrentamos contra Inglaterra. Pasó también en Alemania 2006 y pasará en todos los mundiales habidos y venideros. Después de un pequeño interludio en que el equipo de Germán pasa a la delantera, las chicas cesan el griterío, más por cansancio que por otra cosa, y Denis ya no tan nervioso, pero sí muy concentrado en el juego, ejecuta unas maravillosas jugadas en la arena, estirándose para alcanzar la pelota, y luego rematando para convertir el punto de la igualdad. A varios metros de la cancha están los padres de los chicos mateando. Todos tienen heladora donde seguramente latas de cerveza fría esperan ser abiertas. Las señoras, boca abajo, toman sol. Tienen mallas estrechas al igual que las chicas que están sentadas a la vera de la cancha de vóley. Más allá hay algunos viejos y después todo lo demás es agua. Agua y olas que golpean contra la playa. También hay otra cancha donde se juega más distendido, pero estos ya no son chicos ni adolescentes, sino jóvenes con los cuerpos dorados por el sol. Carecen de importancia, con lo cual ni siquiera les dedico un plano general. Hace ya dos horas y media que Germán está jugando, incansablemente, descalzo y con los pies curtidos por la arena. Desde donde estoy no puedo saber si transpira o no. Lo más probable es que esté sudando a raudales, a menos que su cuerpo perfecto no provenga de este mundo, o que no sea humano. De repente el partido termina. Es una suerte porque ya casi no me queda batería en la cámara, y olvidé los otros cargadores en la habitación. Dos minutos más que se extendiera el partido y no habría podido registrar el salto de alegría y la sonrisa de Germán, abrazándose junto a sus amigos y repartiendo besos a las chicas. Apago la cámara, cierro el sillón y me voy a la habitación que queda nada más que a tres cuadras de la playa. Prefiero irme antes de que el sol baje y la familia de Germán y los demás se vayan. Lo primero que hago cuando llego a la habitación es descargar la filmación a la computadora portátil. Dos horas y diecisiete minutos es la duración total del video. Lo miro entero, con algunos cortes, y en el medio me preparo unos sanguches de paleta y queso; tomo abundante agua. Termino los dos sanguchitos y me voy a lavar los dientes. Simulo una sonrisa y el espejo me la devuelve intacta. Después me tiro en la cama con la computadora y veo el final del video. Revisando algunos primeros planos que hice del cuerpo de Germán descubro pequeñas gotas, muy ínfimas, que le recorren el cuerpo. Estaba sudando. Atraso el video algunos minutos y veo el final varias veces. Siempre es lo mismo: transcurre el último tanto entre el nerviosismo general de los chicos por ganar (a Germán se le nota en los músculos de la cara y a Denis en las piernas) y el sopor de las chicas tomando sol acostadas en toallas sobre la arena. El tanto de la gloria lo convierte un chico al que no le presté mucha atención, que inmediatamente se arrodilla, cierra los ojos, levanta los puños al cielo y se ve avasallado por el calor y el abrazo de sus compañeros de juego. Cuando termina el video, con un paneo final del mar, apago la computadora y antes de irme a dormir me baño y me cambio el calzoncillo no por segunda, sino por tercera vez.
Al día siguiente tardaron mucho en empezar a jugar. Germán se quedó tomando sol hasta las cinco, y los demás chicos venían a invitarlo a jugar, pero él se negaba. Como Germán no jugaba ni se lo notaba tampoco con muchas ganas, ninguno lo hacía. Después de tomar sol unas largas horas en que ya no pude soportarlo más y prendí la cámara para filmar su espalda desnuda de cara al sol, se metió al mar. Jugaban a echarse agua en la cara, y Denis se enojó con Germán porque parece que le tiró agua en los ojos. Denis tuvo una reacción rápida y estúpida: lo empujó a Germán y lo hizo caer. Se empezaron a pelear hasta que las chicas (y no los chicos) trataron de separarlos. Enseguida intervinieron los padres, que se quedaron un rato largo en la playa aleccionándolos mientras los demás chicos se divertían bajo las olas. Cuando bajó un poco el sol, trajeron la pelota a la cancha y se dividieron los mismos equipos que la vez pasada. Supongo que para un hombre de sesenta y seis años como yo no puede haber felicidad más grande que la de ver a la juventud jugando al vóley, disfrutando del mar, el cielo y las olas. Así que oculté la máquina filmadora tras unas remeras viejas y me aseguré de que el encuadre abarcara toda la cancha. Antes tuve que cambiar la batería, porque ya se me habían agotado dos cargadores, uno de los cuales estuvo dedicado entero a Germán tomando sol. El otro se me gastó entre el episodio del mar y en varios planos de los padres de los chicos. Saca Denis y hace un ace maravilloso. La pelota no fue con tanta violencia pero sí bien dirigida, flotando, justo en el medio de los dos centrales. Denis hace dos aces consecutivos y gana confianza y muchos elogios entre sus compañeros. Germán no arrancó jugando muy bien, pero lo tenían a Ivo que estaba enchufadísimo. Ivo tiene la espalda más ancha entre todos los chicos y parece mayor de edad. Gana unos cuantos puntos él solo, y saca el equipo adelante. Después Gabriel y Germán empiezan a jugar mucho mejor, alentados por la fuerza de empuje de Ivo. El equipo de Germán llega a los veinticinco tantos, que es la puntuación que se debe alcanzar para ganar un set, pero los equipos no cambian de lado y ni siquiera paran el partido para descansar. No juegan vóley con reglas tradicionales, cosa que no advertí la primera vez. Según hasta donde llegué a contar, van veinticinco a dieciocho. El equipo de Denis parece estar destrozado, sin fuerzas. Ahora una de las chicas que estaba cebando mate al filo de la cancha, propone oficiar de árbitro. Ninguno de los chicos, que están muy concentrados, parece darle el ok. Ella igualmente se posiciona en medio de la red y hace unos movimientos mecánicos con las dos manos. Punto para el equipo de Denis. Lo festejan como si fuera noche buena, es decir, sin muchas ganas. A Denis es al que más se le nota el cansancio en la cara, y hasta ahora no pudo mantener el nivel inicial de juego. Tino hace un punto estupendo, con pelota divida. Todas las chicas se van al lugar donde descansan las familias, menos la que está haciendo de árbitro, que no para de mover los brazos. El equipo de Denis pasa a la delantera y Germán se enoja con Ivo. Intercambian algunas palabras que no logro oír y que espero la cámara logre registrar. Vuelven las chicas, menos dos de ellas, todas con reposeras en la mano. Se tiran a tomar sol boca abajo. Según mis cálculos el equipo de Denis está arriba con veintinueve puntos. El saque es de Denis y tiene el partido casi ganado en sus propias manos. Denis lanza la pelota al aire, que gira y da vueltas sin caer nunca, pega un salto y antes de poder pegarle a la pelota recibe un impacto en el estómago: una zapatilla que voló desde el otro lado de la red. Agarro la cámara y empiezo a filmar yo mismo. Se insultan. Los del equipo de Denis señalan a Germán que se hace el desentendido. Vuela otra zapatilla y va a parar a la cabeza de Gabriel, que cae al suelo. Ivo y los demás lo asisten. Germán agarra las zapatillas que estaban al costado de la cancha y las empieza a tirar con violencia para el otro lado. Una luz en la pantalla de la cámara me avisa que queda poca batería, justo ahora, en el mejor momento. Acerco el zoom todo lo que puedo y registro desde las cintura de los chicos para abajo. Germán tiene bermuda blanca, Denis tiene una roja, la de Ivo es celeste, la de Gabriel es azul, la del Tano es rayada, Sebas tiene bermuda amarilla y Tino lleva puesto una bermuda bastante ajustada, con flores. No voy a identificarlos más por sus supuestos nombres, es realmente una estupidez. A partir de ahora prefiero identificarlo por el color de la bermuda que usa cada uno, de todas maneras siempre tienen las mismas. Los zapatillazos no dejan de volar, de un lado hacia otro, mientras la chica árbitro sale corriendo cuando intenta detener lo inevitable y las demás apartan las reposeras y se ponen a tomar sol lejos. Sin salirse nunca de la cancha, como si el partido seguiría pero en otro orden, se lanzan zapatillazos y los dos equipos cubren a sus piezas más queridas: a Bermuda Blanca por un lado, y a Bermuda Roja por el otro. Después llega la chica árbitro con varios señores detrás suyo y detienen el juego. Les cuesta porque la batalla campal de zapatillas por el aire ya afectó a las canchas de los alrededores, que tuvieron que detener sus propios juegos. Los jóvenes les gritaban de todo. Uno de los padres más osados se metió en el medio de la cancha, con los brazos abiertos, gritando, y las zapatillas dejaron de volar por el aire. Las bermudas de todos los colores bajan la cabeza y el señor que parece ser padre de uno de ellos empieza a sermonearlos. Bermuda Roja señala a Bermuda Blanca y este reacciona. Trata de pegarle, pero el padre que sermoneaba lo paró. Bermuda Roja le cuenta al padre, señalándose el estómago, cómo inició todo y de repente, así porque sí, veo todo negro: me quedo sin batería y se me apaga la cámara. El padre que sermoneaba los calma a todos y le entrega la pelota a Bermuda Roja, pero ya no me importa el final del juego. Junto mis cosas y me dirijo a casa. Advierto que el tipo del sermón se queda vigilando el juego cruzado de brazos. Da vuelta la cabeza (yo también estoy de espaldas) y cruzamos una breve pero intensa mirada.
En casa descubro que filmé cuatro horas y treinta y cinco minutos, lo que me pone de un gran humor. Me cruzo hasta la pizzería de enfrente y me compro una media pizza de queso. Me como dos porciones y la mitad de otra, después me lavo los dientes, sonrío ante el espejo, y me voy rápido a la cama a ver los videos. Empiezo por el más interesante que es el último. Con la revisión, descubro algunos detalles, pequeños detalles que en vivo se pierden. Por ejemplo que Bermuda Blanca tiene un bulto muy grande; más grande incluso que el de Bermuda Celeste y Bermuda Roja. No me lo imaginaba así, para nada. De hecho para mí Bermuda Celeste era el más grande de todos ellos, y en todos los sentidos posibles. Retraso el video y lo detengo hacia la mitad del juego, cuando Bermuda Celeste con su fuerza de empuje hace sacar al equipo adelante y Bermuda Blanca se mete en el partido. Cada vez que Bermuda Blanca remata la pelota, los cordones de su pequeño pantalón corto se le mueven en todas las direcciones, como viboritas locas que buscan un sitio donde esconderse. No se hace un nudo, sino que se deja los cordones desatados, el pantalón flojo. Igual se le nota que tiene algo muy grande, inmenso, gigante. Su equipo hace un tanto y cuando festeja sonríe y se agarra el bulto con una mano. En realidad no se agarra el bulto sino que se acomoda las bolas. Las debe tener pegadas por el calor, pegadas al sudor del cuerpo. Cierro los ojos. Ahora soy una gotita de transpiración que en vez de bajar sube por las piernas de Bermuda Blanca. Estoy en su rodilla, voy subiendo, y alcanzo a llegar hasta su pija y lo filmo, trato de filmar cada uno de sus pelos, la bolsa de los huevos, la pija. Cuando abro los ojos veo que viene el padre de alguno de ellos y sé que va a dar un largo sermón, que va a parar la batalla campal, las zapatillas tiradas alrededor de la arena: todo lo que sigue ya lo sé. Me limpio un poco con las sábanas. Siento hambre de nuevo así que como la porción de pizza que había cortado por la mitad. Me voy a lavar los dientes, me los lavo varias veces porque comí el doble y estoy tan lleno que no quiero saber nada de comida por mucho tiempo; me miro al espejo y veo que mi dentadura sigue siendo tan blanca y limpia como siempre. No sonrío para mí, sino para verificar que mis dientes están sanos y fuertes, de modo que para hacerlo tengo que necesariamente abrir la boca y simular ante el espejo que realmente estoy sonriendo.
A la mañana siguiente reviso todos los videos que filmé. Por lo menos desde que llegué tengo algo así como once o doce horas de filmación. Si fuera una larga e interminable película, seguramente el papel principal se lo habría ganado y con creces Bermuda Blanca, que podría repartirse el protagónico con Bermuda Roja o Celeste. Como no tengo mucho que hacer, preparo las cosas para ir a la playa. En el bolso playero me llevo unos sanguches, el cepillo de dientes, varias botellas de agua y la cámara. Recién ahora que llego me doy cuenta que todavía es muy temprano, porque sólo hay cuatro o cinco chicas echadas boca abajo sobre reposeras y toallones, y algunos padres de familia mateando y comiendo sanguchitos. Me instalo bastante más cerca de las canchas de vóley, tal vez a unos cincuenta metros. No hay nada interesante, ni para ver ni para escuchar o filmar, de modo que abro el bolso y agarro un sanguche de paleta y queso y me lo pongo a comer. Mientras saco también la cámara y la reviso para ver si está todo en orden, lo veo bajar a la playa a Bermuda Blanca riendo con Bermuda Rayada y Bermuda Azul. Casi se me queda el sanguche de paleta y queso atragantado en la garganta, y ya no puedo masticar más, por lo que tengo que escupir a un costado del sillón el bolo de pan y queso ensalivado. Ni siquiera alcanzo a lavarme los dientes o cepillarlos. Agarro la filmadora, que se me cae de las manos por los nervios, y trato de prenderla. Ahora bajan los demás chicos, entre ellos Bermuda Roja. Curiosamente Bermuda Celeste tiene un short de un color distinto al de días anteriores, pero para mí siempre va a ser Bermuda Celeste, así venga a la playa desnudo. Además el nuevo short no le queda tan bien, parece un boxer desteñido y viejo. Esta vez fueron directamente a la cancha y ya empezaron a jugar, por suerte pude grabarlos desde el inicio del partido, aunque me perdí la llegada alegre y soberbia de Bermuda Blanca, pero logré prender la cámara y comenzar a grabar desde que llegó Bermuda Celeste. Fue todo tan vertiginoso e inesperado que sigo con los dientes sucios, aliento a peste y un gusto raro en la boca. El partido ya está tres tantos a uno a favor del equipo de Bermuda Roja. Parece que el sermón hizo su efecto en los chicos y están más calmos. Ni un solo grito, ni una puteada, nada se escucha desde aquí. Juegan silenciosamente como si fuera un partido de mimos que golpea una pelota imaginaria. La pelota invisible ahora está en manos de Bermuda Floreada que se la pasa a Bermuda Amarilla y remata. Tanto para el equipo de Bermuda Roja. Ahora se acercan algunos muchachos que jugaban en la cancha de al lado. Son varios, y están parados cruzados de brazo sin ninguna otra pretensión aparente más que disfrutar del juego de los chicos de bermudas. Las chicas están tiradas disfrutando del sol, aunque se las nota ligeramente nerviosas, como si con movimientos imperceptibles y pequeñas y breves miradas intentaran captar la atención de los jóvenes que miran el partido. Uno de los muchachos más grandes intercambia palabras con una de las chicas, la misma que ofició de árbitro la vez pasada. El partido parece jugarse sin muchas emociones y la falta de ritmo lo hunde en el sopor del aire caluroso y los rayos fuertes del sol. El joven que estaba hablando con la chica árbitro hace un gesto, dice algo que no alcanzo a escuchar y todos lo miran. Bermuda Blanca levanta la mano y el joven entra a la cancha. Antes de salir del campo de juego, Bermuda Blanca se agacha, agarra un puñado de arena y se hace la señal de la cruz. Saluda a todos, a la chica árbitro y a las demás chicas sin mucha gracia, y encara para el lado de la calle. Me levanto rápido y lo sigo, sin perderlo de vista. Vuelvo porque me olvido la cámara. Me la cargo al hombro y apuro el paso. Se aleja demasiado rápido, por lo que tengo que ir casi al trote, al mismo tiempo que me cuido para que no advierta mi presencia detrás suyo. Está en cuero y va distraído mirando el cielo, o no sé qué cosa. Llega a la vereda, yo todavía sigo en la playa pero lejos de las canchas de vóley, y camina hacia la derecha para el lado de los negocios. Trato de seguirlo un poco más de cerca, llego a la calle y agilizo el paso haciendo lo que puedo con la cámara al hombro. Si mantengo el ritmo, puedo seguirlo desde esta distancia, que serán unos diez metros. Se cruza de calle pero yo sigo caminando por la misma cuadra. Avanza unos metros y se mete a un kiosco. Me detengo. No bajo la cámara, para no despertar ninguna sospecha: hay muchos autos que circulan, familias enteras caminando felices y sonrientes, parejas enamoradas del verano, agarradas de la mano. Hago de cuenta que filmo la costa, el mar, y me mantengo muy seguro de los movimientos de Bermuda Blanca dentro del kiosco. Compra una Coca Cola y un paquete de galletitas Pepitos y sale. Es mi oportunidad y quizá la única que tenga. Cruzo la calle a grandes zancadas, siempre con la cámara en alto, y llego hasta la otra vereda. Lo tengo a Bermuda Blanca de frente. Todavía no se fijó en mí, se entretiene mirando las vidrieras de ropa femenina, cuyos maniquíes parecieran devolverle la mirada. No se da cuenta aun de que voy yendo ligero, casi a su encuentro. Tengo un plano perfecto de la mitad de su cintura para abajo. Mueve los labios, seguramente tararea alguna canción de moda. Cambia la bolsa de mano. Nos separan unas cuantas baldosas, estamos a pocos pasos. Agarro la filmadora con la mano izquierda y con la derecha hago un pequeño movimiento separando unos centímetros el brazo de mi cuerpo, me esfuerzo y logro rozarle la mano derecha en el mismo segundo en que nuestros cuerpos están alineados, sin que Bermuda Blanca pudiera siquiera notarlo.
miércoles 18 de febrero de 2009
"Es menester "curarse" de la necesidad de la búsqueda de
significados "fuera" de las reglas de combinación de los
signos"
Massimo Cacciari
jueves 12 de febrero de 2009
Un poema verídico
y respondo que
esto no es un consultorio,
un poco más beat y reaccionario que la pipa
de Magritte;
se me hunde el tubo en la boca
tratando de explicarle a la vieja,
amarga y desesperada,
que las cosas no son lo que parecen
cuando ve en mi condición de vulgar estudiante
una secretaria indispuesta y full time queriendo engañarla.
miércoles 11 de febrero de 2009
Recriminar a un poeta
Recriminar a un poeta por sus ideas y sentimientos es una actitud tan absurda como la del público medieval que golpeaba al actor que había representado el papel de Judas.
Roman Jakobson, citado por León Trotsky en La escuela formalista de poesía y el marxismo
domingo 8 de febrero de 2009
pseudoformalismo
la sangre que se derrama
tiene peso
que mueran los asesinos
malditos insensibles
mierda
son todos mierda
que ganas de meterles
un puñal
en el estomago
dejarlos ahí que mueran
desangrados
ah ellos son diferentes
ellos no creen en la muerte
pobres pobres
pobres de ellos!
Inadaptados!
Irán a parar a las cárceles
a los manicomios
a la concha de la lora
a los centros
de rehabilitación
porque para estos
hijosderemilputa
no existe perdón
es una pena
que en lugar de la guillotina
hoy por hoy
usemos jeringas de maricones
el posmodernismo
no es más que esto:
cambiar la impulsividad de la justicia
por el trago amargo de aquello
que hace honor
al pseudoformalismo
Lectura
viernes 6 de febrero de 2009
Problema del horizonte
Me gustaría armar con esto un bonito poema.
jueves 5 de febrero de 2009
pequeño prologo versificado
saca las carteras de la valija
un poeta
se regala una sonrisa frente a un espejo
que luego se apaga
otro poeta
se enamora de nietzsche
y lo divulga sin escrupulos
culpando a la música
el primer poeta nos dice
no todo es amor
el segundo cuenta
las canas de la luna
que no son mas blancas que ella
en una bañera
y por mas que sea yo
un oculto artista
que los lee desde lejos
como quien mira un grano
de mostaza a través de un telescopio
en silencio
con paciencia
a la espera de algun cometa
que en el cielo grabe mi nombre
pienso en ellos
siempre
Bañadera
contando sus canas, menos blancas que ella.
¿No quisiera uno gozarla en su bañera?
Con tímidas lloviznas de agua de cántaro
malcantando alguna melodía rota,
Pero hoy esos lugares como los desiertos
crecen por cuadriculas intersticiales
de parajes lejanos. Al cuidado de rostros
que de sus atavíos han hecho falanges,
crestas que podrían ser de gallo o mar
indeterminando los tejados nómadas
de gatos azules escuchando la bancarrota.
miércoles 4 de febrero de 2009
"Sabes, no todo es amor"

¿Podría hablar de su concepción de la familia como es retratada en La pianista?
Quería primero que todo describir el escenario burgués y establecer a la familia como la célula germinal de todos los conflictos. Siempre quiero describir el mundo que conozco, y para mí la familia es el lugar de una guerra en miniatura, el primer sitio de toda batalla. El más amplio terreno político-económico es el que uno usualmente asocia con la guerra, pero el lugar cotidiano de la guerra en la familia es igual de mortífero a su modo, sea entre padres e hijos, o entre marido y mujer.
Si uno comienza a explorar el concepto de familia en la sociedad occidental no puede evitar darse cuenta de que la familia es el origen de todos los conflictos. Quería describir esto en una forma tan detallada como pudiera, dejando al espectador sacar sus conclusiones. El cine ha tendido a ofrecer una respuesta a estos temas y a mandar a la gente a casa más bien reconfortada y apaciguada. Mi objetivo es incomodar al espectador y quitarle cualquier consuelo o satisfacción propia.
PD: si fui bastante parco con el post, mejor así, es para vayan directo a Wikipedia a buscar sobre este maravilloso y espeluznante director, o leer sin más esta entrevista.
martes 3 de febrero de 2009
Nietzsche sabe de amor

lunes 2 de febrero de 2009
días de gloria parecen

Me duele un poco el hígado
o lo que sea que esté ahí, molestando,
bajo las costillas. Hoy me hice hambrugesas,
miré un par de películas, escuché llover
sin prestar mucha atención
desde las diez de la noche.
Descubro que nada ni nadie
ladró desde las tres de la tarde, hora en que me levanté,
fui al baño, me miré al espejo
y me regalé esta sonrisa que se fue apagando
a medida que mi cara tomaba el color
de todos los días.
Volver
De qué, hacia dónde.
Dejar atrás una palmera
que llega al cielo,
una lagartija muerta
en el cesto del papel higiénico,
un aeropuerto chiquito
con restos de lasagna en el piso.
Sacar las carteras de la valija,
la ropa sucia,
las ganas de más,
y una puteada grande como el mundo
a un casino incapaz de pagar
un pócker de ases.
02/02/09.
jueves 22 de enero de 2009
Tres
Uno
No puedo pensar en otra cosa
que no sea sexo.
Será porque estoy sola
en el comedor,
mirando como la perra más grande
se refriega con un peluche viejo.
Y al ver como la perra más chica
la mira con cara de dormida,
me doy cuenta que si alguien
pudiera leer mi pensamiento
creería que soy ninfómana.
Dos
Va cayendo el sol entre dos edificios.
Y a pesar de que me apuro a extender la mano
para atajarlo
y evitar el triste desenlace,
el resto del mundo
sigue con lo que está haciendo.
Como si nadie supiera,
que a muchos se les dapor morir de noche.
Tres
Surtir la heladera,
poner sábanas limpias,
lavar los platos,
acomodar la mesa del comedor,
atender un llamado,
pasear a las perras,
enjuagar la bañera,
escribir una nota que diga:
no olvidar lo que te estás perdiendo.
20/01/09.
sábado 17 de enero de 2009
El dolor y la simulación
Según un famoso poema de Pessoa el dolor se desdobla en dos, un dolor primario y un dolor fingido. La relación entre ambos dolores puede resultar ambigua. Escapar a cualquier lógica de la causalidad. Pessoa habla de fingimiento. En sus inicios Freud quizo demostrar que las histéricas no fingían, que paralasis de cuerpo o demás manifestaciones sintomáticas, al no corresponderse con determinaciones orgánicas, no necesariamente implicaban simulación, sino que abrían un nuevo continente de estudio sobre procesos anímicos relacionados con el inconsciente. El esfuerzo por dar estatuto de cientificidad a estas novedades etiológicas marca el clima de época, donde las exigencias del discurso teórico estaban atravesadas por los cánones del positivismo. Pensadores más contemporáneos, Baudrillard por citar a uno, han teorizado nuevamente acerca de la simulación como la verdadera matriz generativa de estos tiempos, donde problemas como la hipocondría disuelven cualquier dicotomía rigurosa entre lo normal y lo patológico. Dakar

jueves 15 de enero de 2009
Fragmentos
cuando recuerdo. los
dibujos animados del antiguo testamento.
ahí aprendí el odio. mis amigos
de infancia se exaltaban
con los caballeros del zodiaco. esa violencia
soft de animé helénico. no me comprendían
por preferir a jehová en colores
tirando lluvia ácida
sobre los putos de Sodoma.
otros poetas fueron pobres. y vivieron
en hogares disfuncionales. tomaron
colectivos. trabajaron de ordenanza.
vieron a la gente.
miles de mujeres los dejaban
con el corazón desecho. o los
mandaban
a buscar sexo en otra vulva.
reciclaban su doliente cuerpoalmabasura en
candentes versos
sobre la mujer que partía. yo fracaso
porque no he buscado nada. lo más pesado
que cargué –dice mi padre- fue un tenedor.
la culpa es de las
circunstancias. que soy yo mismo
o su resta.
de mal humor las mayúsculas
las válvulas. porque suenan
a vulvas. a casa de dos ambientes
que se añora con polvo. olor a comida y agua mineral con gas. la
sarna que prefiere el anonimato
aunque pudre el cuerpo. no tiene la
dignidad del cáncer. los poetas
tienen que odiar a sus padres
y ser putos.
he ahí mi fracaso
Ruinas









